Carta al guardián del desierto

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Ramón Romero
Ramón Romero
Autenticidad*Empatía= Bien común

Carta al guardián del desierto

Recuerdo llegar a tu puesto de trabajo hace dos años, era un lugar de dos metros cuadrados, donde tenías tu cama, tu cocina y tu ajuar para tomar el té al que tan amablemente me invitaste; en tu pequeño terreno tenías un horno hecho a mano para poder hacer tu pan, el cual supiste dividir perfectamente para comer juntos y un pequeño huerto en el medio del desierto el cúal me enseñaste como Felipe González enseña su jardín botánico. Aquel día era domingo y tú estabas escuchando el Corán en tu radio que funcionaba con pilas, las cuales administrabas con sumo cuidado para poder escuchar todos los días tus oraciones, yo no entendía lo que decían pero sé que esa música me animó a bailar y recuerdo perfectamente tu sonrisa, en ese momento pude sentir la vida que había en aquella habitación.

Con la limitación del lenguaje, estuvimos hablando sobre la historia de una cobra que te había visitado la semana anterior y mientras contabas esta historia seguías transmitiendo esa alegría. Me hablaste de tu trabajo ¨guardián del desierto¨ por el cuál te pagaban un salario mínimo que destinabas a tu mujer y tus hijos y te daban la ración justa para comer cada día, esta jornada duraba 14 días con un horario de 24 horas y luego te daban permiso para volver a tu casa 2 días. En ese momento mi mente quiso recordar cuando me había quejado yo por mi trabajo y curiosamente las neuronas iban fracasando entre intento e intento, simplemente creo que la vergüenza no tuvo cabida en aquellas interconexiones y sentí una liberación maravillosa.

Tuve la suerte de devolverte todo ese cariño con un gesto que se que te llenó el alma, ese día pudiste cargar tú teléfono en “La Forget” y poder llamar en esa quincena el doble de veces a la familia.

Me gustaría decirte que ese día para mí fue especial porqué aprendí que cualquier excusa que encuentre mi cabeza para no seguir trabajando por la equidad aquí y ahora es un síntoma de falsedad y de muerte en vida.

Gracias maestro por tu vida sencilla, tu alegría y tu belleza, aunque tú no lo sepas, cada vez que pienso que esto no tiene sentido recuerdo nuestro encuentro y consigo fuerzas para acabar el día.

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